LDL, el “colesterol malo”: la cifra que más importa
Es el colesterol que se deposita en las arterias. Es el principal objetivo del tratamiento, y su meta cambia según tu riesgo: lo que es aceptable para una persona puede ser alto para otra.
En tu perfil lipídico aparecen varios valores. Cada uno aporta una información diferente.
Es el colesterol que se deposita en las arterias. Es el principal objetivo del tratamiento, y su meta cambia según tu riesgo: lo que es aceptable para una persona puede ser alto para otra.
Pueden subir con el alcohol, el exceso de azúcares y harinas refinadas, el exceso de peso, la diabetes o el hígado graso. Cuando están muy elevados, además del riesgo cardiovascular aumenta el riesgo de pancreatitis.
Un HDL bajo puede acompañar a otros factores de riesgo cardiovascular y es frecuente cuando existen triglicéridos altos o resistencia a la insulina. Se interpreta junto con el resto del perfil lipídico y el riesgo global.
El colesterol total orienta, pero no decide por sí solo el tratamiento. Si al colesterol total le restas el HDL obtienes el colesterol no-HDL, que reúne las principales partículas de colesterol capaces de favorecer la aterosclerosis. Es especialmente útil cuando los triglicéridos están elevados.
La lipoproteína(a) depende principalmente de la genética y las guías actuales recomiendan medirla al menos una vez en la vida adulta. La ApoB puede aportar información adicional en situaciones seleccionadas, especialmente cuando hay triglicéridos altos, diabetes o dudas sobre el riesgo que muestra el perfil lipídico habitual.
En el informe del laboratorio puedes encontrar valores de referencia, pero no existe una única cifra de LDL adecuada para todas las personas. La meta depende de tu riesgo cardiovascular.
Metas orientativas basadas en la guía ACC/AHA 2026. La meta adecuada depende de la valoración individual del riesgo cardiovascular.
A partir de 500 mg/dL los triglicéridos necesitan especial atención. A medida que suben, aumenta también el riesgo de pancreatitis, sobre todo cuando llegan a 1000 mg/dL o más.
No conviene intentar corregirlos únicamente con cambios por cuenta propia. Es importante una evaluación médica para identificar la causa y decidir las medidas necesarias para reducirlos.
Si presentas dolor abdominal intenso, especialmente si se irradia hacia la espalda y se acompaña de náuseas o vómitos, acude a emergencias.
Casi nunca.
Por eso suele descubrirse en un examen de sangre. El dolor de cabeza, los mareos o el cansancio no suelen deberse al colesterol alto. Si tienes estos síntomas, conviene buscar otras posibles causas.
Depósitos amarillentos en los párpados o tendones, o un arco blanquecino alrededor de la córnea a una edad temprana, pueden hacer sospechar una alteración importante del colesterol, especialmente cuando existe historia familiar. Con triglicéridos muy elevados, un dolor abdominal intenso requiere atención médica.
Casi siempre hay más de una causa. Encontrarlas es parte del tratamiento, porque algunas se corrigen sin necesidad de medicamentos.
Una alimentación con exceso de grasas saturadas puede elevar el LDL. El alcohol, el exceso de azúcar y las harinas refinadas suelen afectar más a los triglicéridos.
El exceso de grasa abdominal y la poca actividad física suelen acompañarse de triglicéridos más altos y HDL más bajo.
Hipotiroidismo, diabetes o prediabetes, hígado graso y enfermedad renal pueden alterar el perfil lipídico.
Algunos medicamentos, como los corticoides y ciertos tratamientos hormonales, pueden alterar el colesterol o los triglicéridos. No los suspendas por tu cuenta.
Cuando el LDL es de 190 mg/dL o más, o hay familiares que tuvieron infartos a edades tempranas, puede existir una causa hereditaria. En esos casos también puede ser importante evaluar a otros miembros de la familia.
El LDL puede aumentar después de la menopausia.
Dos personas con el mismo LDL pueden necesitar tratamientos distintos. Por eso no miramos solo el colesterol. Para decidir qué hacer, también tenemos en cuenta otros datos de tu salud:
edad · presión arterial · glucosa y HbA1c · tabaco · función renal · antecedentes familiares · lipoproteína(a)
Los hábitos forman parte del tratamiento: reducir las grasas saturadas y el exceso de azúcar, consumir más fibra, mantenerse activo, moderar el alcohol y bajar de peso cuando hace falta. Cuando los triglicéridos están altos, reducir el alcohol y los azúcares puede hacer una diferencia importante.
Depende de tu riesgo cardiovascular y de cuánto necesite bajar el LDL. Las estatinas son el tratamiento más utilizado; cuando no son suficientes, existen otras opciones que pueden añadirse o utilizarse según cada caso.
El tratamiento no es igual para todos. La elección del medicamento y la dosis dependen de tu riesgo, de cuánto necesitamos bajar el colesterol, de otros medicamentos que uses y de tu situación de salud. Por eso no conviene empezar, suspender o cambiar el tratamiento por cuenta propia.
Es frecuente que el colesterol o los triglicéridos altos aparezcan junto con presión alta, prediabetes, diabetes o hígado graso. Por eso no conviene mirar cada resultado por separado.
En Medicina Interna los interpretamos en conjunto para entender mejor tu riesgo cardiovascular y decidir qué necesita atención.
Un médico internista o tu médico de atención primaria pueden evaluar el colesterol y los triglicéridos altos. No se trata solo de mirar las cifras: también hay que tener en cuenta la presión arterial, la glucosa, otros problemas de salud y tu riesgo cardiovascular.
Cuándo conviene sumar otra especialidad:
Si tienes exámenes recientes, puedes traerlos a la consulta. Revisaremos tu perfil lipídico junto con otros datos de tu salud para entender qué significan esos resultados en tu caso y definir qué seguimiento necesitas. Si hace falta algún estudio adicional, se decidirá después de valorar tu caso.
Consulta de Medicina Interna en Guayaquil
Torre Médica Solaris · Piso 7 · Consultorio 308
Sector Mall del Sol
No hay una cifra única para todos. Un LDL de 190 mg/dL o más requiere evaluación, pero con valores menores también importa tu riesgo cardiovascular. La meta de LDL puede ser diferente para cada persona.
Un resultado de 500 mg/dL o más merece valoración médica porque, a medida que los triglicéridos suben, aumenta el riesgo de pancreatitis. Si además tienes dolor abdominal intenso, náuseas o vómitos, acude a emergencias.
No se comparan de esa manera. Un LDL elevado favorece la aterosclerosis y aumenta el riesgo cardiovascular con el tiempo. Los triglicéridos muy elevados también requieren atención y, cuando alcanzan cifras muy altas, aumenta el riesgo de pancreatitis. Por eso se interpretan juntos.
Porque la alimentación no es la única causa. La genética, la tiroides, algunos medicamentos y otros cambios del organismo también pueden influir. Por eso una persona delgada y con buenos hábitos puede tener el colesterol alto.
No siempre. Para muchos controles el perfil lipídico puede hacerse sin ayuno. Si los triglicéridos salen muy altos, puede ser necesario repetirlo en ayunas. Sigue la indicación de tu médico o del laboratorio.
Depende de cuánto esté elevado y de tu riesgo cardiovascular. Los cambios en alimentación, actividad física y peso pueden mejorar el perfil lipídico, pero cuando el LDL es muy alto o el riesgo cardiovascular es mayor puede ser necesario añadir medicamentos.
No suele ser necesario eliminar por completo un alimento. Con triglicéridos altos importa mucho el patrón de alimentación: reducir el alcohol, las bebidas azucaradas, el exceso de azúcar y las porciones grandes de harinas o carbohidratos refinados.
No. Son problemas distintos, aunque con frecuencia aparecen juntos y comparten factores como el exceso de peso, la resistencia a la insulina y otras alteraciones metabólicas.
Contenido revisado por el Dr. Luis Croce, especialista en Medicina Interna. Última revisión: octubre de 2026.